Es curioso, no recordaba mucho de los detalles de mis años escolares hasta que me he sentado a escribir sobre ellos. Aunque hay cosas que nunca se olvidan... Estaba en mi último año de instituto. Todo estaba igual que siempre, los mismos amigos, cada vez más amigos, y una chica nueva en el grupo, que con mi característica timidez que tanto detesto, tan solo había conocido de hola y adiós.
Yo estaba viviendo fuera de Murcia y mi antiguo hogar en el centro de la ciudad había quedado abandonado. Era un lugar perfecto para organizar fiestas con los que eran amigos.
Nos sentábamos entorno a una mesa en sillones y bebíamos sin límites con sus consecuencias: paridas, risas y alguna que otra hostia verbal o física para que se respetara el lugar donde, atrás en el tiempo, había bebido mis primeros sorbos de leche materna, sustituidos ahora por litros y litros de kalimotxo.
Uno de esos días, aparentemente igual que los demás, estaba la chica nueva del grupo, sentada al lado mío, que no dudó en abalanzarse sobre mi cuerpo delante de todos y, sin venir a cuento, hacer que tuviera la sensación de que había caído sobre mí una bola de fuego con forma de mujer que abrasaba cada pelo de mi cuerpo con su tacto.
Los amigos, buenos por aquel entonces, se fueron brindando por mi pene y cediéndonos intimidad. Jamás olvidare la delicadeza de sus ardientes besos recorriendo mi cuello.
No, no había sido un sueño, al día siguiente recibí una llamada, era ella, deseando algo serio. A mi me pareció muy pronto, pero algo me decía que no podía negarme, quizás fue lo apretados que llevaba los pantalones ese día...
Todo parecía idílico. Tenía amigos, tenía novia... ¿y que más quieres en la edad en la que tu máxima aspiración es intercalar la borrachera con polvos salvajes?
Pero algo empezaba a fallar... Había enfrentado dos de los pilares que sustentaban mi vida: La pareja y los amigos.
Yo empecé a preferir quedarme revolviendo las sábanas de mi casa abandonada con la susodicha antes que emborracharme con mis amigos. Eramos jóvenes, mucho, y muchos no lo entendieron.
Quizás era porque sentía una incomodidad silenciosa y presente en el ambiente... A mis amigos, o los que empezaban a dejar de serlo, no les caía bien la chica.
No podían comprender porqué estaba con ella. Quizás en parte tenían razón en muchas cosas que decían, pero en vez de callarse optaban por compartir sus ideas conmigo.
Jamás podré perdonarles. Muchos me siguen preguntando a día de hoy que me pasa, si se me nota mas ausente de lo normal... Y no, no tengo un tumor cerebral ni se ha muerto algún familiar recientemente, ha muerto la sencillez de nuestra amistad, ahora el amigo común que nos une era el alcohol, cervezas frias entre ellos y yo esperando a que llegue el babeado poso, y tengamos que irnos cada uno por nuestro camino, solo que esta vez, solo uno de los dos llegará a Roma.
Tuve que dejarla, desquiciado por la situación y una cruel realidad: no la quería ni la décima parte de lo que ella me quería a mi. No podía seguir haciéndole daño. Y tampoco podía seguir sufriendo escuchando a los que se hacían llamar mis amigos para que les invitara a copas y mientras se las bebían criticaban a la que era mi novia.
Por supuesto, cuando ella estaba delante, esa situación era antónima. Le reían las gracias a la ingenua chiquilla y brindaban por nuestro amor.
Yo no aguantaba más con tanta hipocresía, y al pasar una mala racha con mi novia, decidí dejarla. Engañándome a mi mismo y brindando con mis colegas por las tías que me iba a tirar en mi nueva vida.
Ella me odió y me odiará eternamente, nunca le quise decir la verdad del final de nuestra relación, no podía hacerle más daño del que ya le estaba causando yo.
A día de hoy, ella ha rehecho su vida y le deseo todo lo mejor. Yo sigo solo, sin haber encontrado a nadie que pudiera ni de cerca despertar a mi lado más de dos noches seguidas.
Y lo lamento, lo lamento mucho, arrastrado por el lado más oscuro de mis sentimientos desearía seguir con ella, no por su persona, sino porque necesito y echo de menos tanto como respirar aire puro, el tener a una persona a mi lado.
No solo distancié la persona que más me quería, sino que hizo que distanciara también a las personas que más yo quería y creía que jamás distanciaría, mis amigos, que pasaron a ser, ya para siempre, simples amigos de borracheras.

2 comentarios:
A veces no sé si vale la pena sacrificar millones de cosas por una, o, por el contrario, no hacer nada al respecto y quedarse con todo ello...
Lo que sí sé es que, como bien dices, llega un momento en el que te das cuenta de que, quizá, todo eso que quieres no es compatible y es cuando uno se da cuenta de que debe elegir, de algún modo...Es cuando elegimos y no sabemos si elegimos bien, no? ;)
un saludito desde la capi!
Un brindis por Pepe! Que bien expresao, cojones. Eres el Pepe de las borracheras pero cabal. Esa soledad se alivia viniendo con nosotros al monte. Justo hoy nos hemos ido unos cuantos con guitarras, alcohol, comida a manta, maracas, un cajón flamenco. Un rato bueno bueno bueno y en un paisaje idílico. Eh, huyamos del bar y la ciudad supersucia. Música, música, música... vente!
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