lunes, 16 de febrero de 2009

Capítulo 1: Ser y dejar de ser.



Siempre quise ser alguien popular, alguien que no temblara al hablar, que con una mirada supiese expresar a los demás unívocamente lo que sentía.

La realidad era muy distinta. Hubo una época en la que no intentaba parecerme a nadie, más bien intentaba no parecerme a cualquier otro ser que compartiera conmigo más de unos pocos cromosomas.

Retorcía todo lo que podía mi manera de hablar, de vestir, de pensar hasta el punto de olvidar realmente quien era. Ocurriendo lo predecible por cualquier psicólogo, ser que detesto profundamente, aunque se parezcan tanto en el nombre al lado oculto de esos hombres con los que todos los que nos sentamos a escribir nuestras ocurrencias en algunas ocasiones guardamos cierta similitud: psicópatas. Efectivamente, intentaba no parecerme tanto a cualquiera que dejé de parecerme incluso a mí mismo.


Típico por un lado de adolescentes reprimidos en sus propios mundos idílicos que más que ayudarles, les hacían creer que habían descubierto el porqué de su existencia, algo por lo que luchar, cuando realmente, tan solo les habían dado el mapa a seguir como si de piratas se tratase, marcando con una X el final, su propia tumba.


La lucha interna que libré durante tantos años había dado sus frutos. Pero como todo fruto, maduraron y cayeron en la tierra mojada , barro, ensuciándolos y despreciando el poco valor que podían haber alcanzado en el mercado negro de mis sueños.


En definitiva, ¿años perdidos? Para nada. Sirvieron para estimular los pensamientos, profundizar en la idea equivocada de sociedad, destripar grandes mitos, como el del hombre del saco, descubrir lo único que tenemos en común todos los seres humanos, desde mi madre, hasta George W. Bush, algo tan intrínseco en nosotros como el odio, el egocentrismo. 

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